Alcaldía Tlalpan: La misteriosa zona Arqueológica de Cuicuilco
El origen de la palabra Cuicuilco proviene del náhuatl que quiere decir “lugar de cantos o ruegos”. Es poco conocida, siendo eclipsada por la zona arqueológica mexica del Templo Mayor en el centro de la ciudad. En mi opinión, antes de ir al Templo Mayor se debería comenzar la aventura en busca de la huella imborrable de las civilizaciones que nos precedieron por Cuicuilco, ubicado en la Delegación Tlalpan, al sur de la Ciudad de México.
INFORMACIÓN GENERAL PARA VISITAR LA ZONA
DÍAS DE VISITA: Lunes a domingo de 9:00 a 17:00 horas
ENTRADA LIBRE
Como diría Victor Hugo “la vejez de los monumentos es la edad de su belleza”. Cuicuilco (300–150 a.C.), es el más viejo de los centros integradores de la Cuenca de México y es donde comenzó la arquitectura a gran escala. En su momento de gloria tuvo una población de 40, 000 habitantes aproximadamente.
Gran Basamento
Constituye la primera gran estructura de piedra de Mesoamérica; mide 110 m de diámetro y 25 m de altura, está construida con bloques de andesita sin labrar de más de 30 kg y unidos entre sí sin mortero rodean un núcleo central de tierra compactada. Fue erigido entre 800 y 150 a.C. mediante ampliaciones sucesivas de las que conocemos al menos ocho; su enorme superficie seguramente permitió la asistencia de grandes grupos de personas a las ceremonias en la parte superior del basamento.
Luego de que el volcán Xitle hiciera erupción (dando origen al Pedregal) la población migró, de acuerdo con los expertos, se asentaron en lo que se transformaría posteriormente como la gran urbe de Teotihuacán.
La obra nos narra la catástrofe que ocurrió con la erupción del volcán, la atmósfera está teñida de tonalidades rojizas y oscuras, una imponente visión de dos gigantes que se encuentran frente a frente.

“La erupción del Xitle” por Jorge González Camarena, 1948.
Después de este acontecimiento el verdor y la vida volvieron a surgir de entre las cenizas. La lava que en algún momento acabaría con todo rastro de vida a su alrededor ahora es donde brota incansable toda suerte de insectos, plantas, aves y árboles nativos. No es posible mantener la vista apagada en algún rincón vacío del paisaje; aún en el más recóndito escondite habrá algo qué apreciar.
Aquello nos hace reflexionar sobre la fuerza de voluntad que tiene la tierra para con la vida y viceversa. Los edificios y los carros ahogarán hoy día toda armonía natural luchando por hacerla hasta cierto punto ajena en nuestras vidas cotidianas. Sin embargo, no podemos olvidar que hasta el organismo más insignificante hace posible que sigamos, sólo un momento efímero, seguir existiendo.

















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